Bolivia: Próximo campeón…de la cocaína
Boliviano. Productor Audiovisual. Consultor Publicitario. Director Ejecutivo de “Doce Audiovisual”.
En los años ochenta, las poblaciones de Cliza y Toco, a solo 37 kilómetros de la ciudad de Cochabamba, así como Shinaota en el corazón del Chapare, pasaron a la historia como las capitales de la cocaína. Esto no significa que en otras latitudes del país no hubiese existido narcotráfico, simplemente que en éstas el comercio del alcaloide era casi público. Los kilos de droga se intercambiaban por bolsas de dólares, lujosos vehículos, camiones, inmuebles etc., y entre todo lo anteriormente mencionado, habían también muchas armas.
Entre los compradores estaban los que acopiaban el producto para luego exportarlo y aquellos que inundaron las ciudades de Cochabamba y Santa Cruz, generando una cultura de consumo en todos los niveles socioeconómicos. Colegios, universidades, centros de diversión y aún los más selectos círculos sociales fueron penetrados por esta nueva moda.
Con todo este dinero ilícito circulando, el costo de vida se fue a las nubes, pero en este tipo de fenómeno son los bienes inmuebles los que sirven de catalizador para tener una idea de la magnitud del problema. Por ejemplo, salía más barato comprar un departamento bien cerca de la playa en Miami que comprar uno de las mismas características en una zona residencial de Cochabamba o Santa Cruz.
El Prado y Equipetrol se llenaron de vehículos último modelo, conducidos por individuos de apodos rimbombantes y a los que muchos les rendían pleitesía, porque eran el modelo al que aspiraban en convertirse. Al mismo tiempo, comenzaron a aparecer personas que atrapadas por el vicio, pasaban sus días y sus noches en plazuelas, debajo los puentes o en los canales de drenaje. La drogadicción empezó a azotar los hogares y no solo los adolescentes y jóvenes, también padres y madres de familia cayeron en el vicio y en la mayoría de los casos, nunca más pudieron superarlo.
Pero hubo otro efecto más nocivo que la propia adicción, que tuvo lugar en la mentalidad de la población joven y adolescente, y fue el considerar que la mejor forma de hacer fortuna era por medio del narcotráfico, sin necesidad de esfuerzo o preparación, simplemente con osadía y buena fortuna. Es así que aún hoy quedan individuos que inspirados en aquellos tiempos, aspiran a cualquier costo a tener su primer millón, añorando aquellas “épocas del oro blanco”.
Pero ¿Qué tiene que ver todo aquello con nuestros casi tres años de Gobierno “indígena y revolucionario”? Si partimos de la premisa que la historia es circular, resulta que hemos dado un giro de 360 grados y estamos en el mismo punto que en la década de los ochenta.
Las cantidades de droga decomisadas son cada vez mayores, lo cual no significa que la interdicción sea mejor, sino que simplemente el narcotráfico ha aumentado tanto que, proporcionalmente, también han crecido los decomisos. Las estadísticas indican que se incauta solo el 15% de todo lo que se trafica.
Tomemos como ejemplo el denominado “escándalo del año”, suponiendo que éste tuviese que ver con el narcotráfico. En este hecho estuvieron involucrados policías de la Comisaría del Plan Tres Mil, miembros del grupo de inteligencia de la FELCC, un fiscal y el individuo que, según diferentes versiones, portaba $us. 300.000.-, $us. 5.000.000.- o $us. 8.000.000.- Según los agentes que hicieron la detención, para no ir a la FELCC, el hombre les “obsequió” una bolsa de dinero con $us. 270.000.- y la pregunta es ¿Cuál es el monto que el detenido intentaba proteger con tan suculento regalo? Probablemente esto nunca se llegue a saber, pero surgen interrogantes como ¿De dónde surge todo este dinero y cuál es su destino final? Y si éste es del que se sabe, ¿A cuánto asciende ese del que nadie se entera? Definitivamente no podemos esperar que sean los policías rasos (esos que tienen un salario de hambre, que duermen sobre catreras viejas y desvencijadas) los que se encarguen de detener a individuos que andan con bolsas de dinero, dispuestos a hacer generosos obsequios.
El actual Gobierno tiene a un dirigente cocalero como “zar antidrogas”, con la justificación que bajo su autoridad los mismos cocaleros iban a erradicar voluntariamente para evitar el aumento del narcotráfico. En realidad, siempre se pensó que esto era una broma, ya que resultaba irrisorio pensar que “los ratones iban a cuidar del queso”.
Y como la palabra de moda es nacionalizar, se puede afirmar que si algo de verdad se ha nacionalizado en estos últimos dos años, ha sido la producción de droga. No resulta extraño descubrir fábricas de droga bien instaladas en lugares como El Alto, Montero, Oruro, Valle Alto Cochabambino, el Chaco y, por supuesto, El Chapare, donde las factorías han sido ubicadas a menos de quinientos metros de la carretera. Esto significa que ahora sí se produce cocaína a nivel nacional. Es muy difícil que el señor Cáceres o el propio Morales logren que los cocaleros erradiquen voluntariamente sus plantaciones, ya que son éstos los que lo llevaron a la silla presidencial y son los primeros en ser movilizados cuando hay que bloquear, quemar o cercar.
Por el momento, solo queda esperar que sean los ciudadanos junto a las autoridades regionales, quienes de alguna manera eviten que repitamos la vorágine del narcotráfico de la década de los ochenta.




